Las empresas son (o al menos deberían de ser) grupos de personas organizadas para producir valor para ellas mismas y para otros grupos de personas (como accionistas, clientes y la sociedad en general).
La competencia entre personas, compañías, países, etc., es un concepto comúnmente malentendido como si implicara “lidiar con enemigos”. La competencia sin embargo, cuando se enfoca desde una perspectiva de equilibrio, es un asunto completamente diferente. Cuando se practica con base en principios, la competencia es un proceso natural y divertido en el que usamos nuestras capacidades humanas en formas innovativas para producir los mejores resultados posibles para la sociedad. Aquellos que “pierden” contra su competencia, pueden aprender de ello, extender sus capacidades / habilidades e intentar de nuevo con mejores soluciones. O bien, pueden “disolverse”, lo que llevará ese talento a otras situaciones / organizaciones en las que finalmente también resulte mejor para la sociedad. Interesantemente una “pérdida” no es una “pérdida” en absoluto, sino una reorganización.
